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Panorama Norteamericano

Un golpe terrible

Eduardo Valle
El Universal
7 de noviembre de 2009

Varios testigos afirman que Hassan, a la hora de disparar, gritaba: “Alá es grande”. Ahora las autoridades investigan si recibió alguna clase de ayuda

Un médico siquiatra, con grado de mayor, vestido con su uniforme militar, dispara dos pistolas en forma repetida contra sus compañeros al interior del mayor fuerte nacional del Ejército de Estados Unidos.

Hasta ahora los muertos suman 13 (12 militares y un civil) y los heridos, alrededor de 29. En el interior del edificio se presentó fuego cruzado y una mujer policía (civil) fue quien hirió al mayor en cuatro ocasiones. El militar no ha muerto. Nombre: Malik Nadal Hassan, hijo de inmigrantes jordanos. Edad: 39 años. Un tranquilo pero angustiado creyente musulmán. Peor: varios testigos afirman que Hassan, a la hora de disparar, gritaba: “Alá es grande”. Ahora las autoridades investigan si recibió alguna clase de ayuda, incluso a la hora de la premeditación sugerida por la cantidad de munición usada en el trágico incidente, y por su declaración a los vecinos de que “ya no necesitaría de sus propiedades”. También cuántas armas de fuego se dispararon en el lugar. En unos cuantos minutos, casi cuatro decenas de bajas. En territorio de EU y en un fuerte militar. Un real desastre. El hecho ya comienza a ser glorificado en las redes de la guerra santa contra los cruzados. Cuando se enteren de que Hassan regalaba ejemplares del Corán en español o en inglés, saludarán sus catos con alegría.

Por si fuera poco, la situación estratégica en Afganistán se complica. El presidente Karzai fue reelecto en un proceso sucio y su hermano —relacionado con la CIA— es descrito como un funcionario corrupto, del cual tiene que librarse el presidente afgano. Apenas para mostrar cierta voluntad de contener o controlar la rampante corrupción en Kabul. Es muy probable que el presidente Barack Obama decida muy pronto el envío de un contingente mayor de tropas para llevar adelante una nueva estrategia contrainsurgente. Y ese contingente por lógica —el combate es en tierra— estaría conformado básicamente por los US Marines y el US Army. Lo ocurrido en Fort Hood complica en extremo la situación: se ha lastimado la confianza de las tropas. Si a la izquierda o la derecha tienes un camarada en armas de fe musulmán o piensas si su apellido suena a árabe, vas a estar en una situación difícil todo el tiempo. La lista de los soldados ya entrenados y por enviar a Afganistán se reducirá por obvias razones.

Ocurre cuando la mayor parte de los nuevos reclutas para los campos de entrenamiento son rechazados por obesidad, por sus antecedentes sociales —conste: para beneficio de los reclutadores militares se redujeron los estándares— o por fallar a la hora de las pruebas. Mientras que la tasa de suicidio entre los militares crece en forma consistente por arriba de la media entre la población civil.

Los reclutadores (las Fuerzas Armadas de EU son profesionales: no hay conscripción forzosa) van a recibir instrucciones especiales para tratar con los jóvenes cuyo nombre o apellido apenas suene a árabe. Y si la familia es de fe musulmana con mayor razón. No importa mucho si las organizaciones musulmanas en EU condenaron el hecho y se adhirieron a las declaraciones del presidente. Aquí la cuestión no es lo políticamente correcto sino la confianza de las tropas en el terreno de la guerra: Afganistán, donde buena parte del territorio es dominado por el Talibán; una secta fundamentalista, cuyos guerreros también exclaman a la hora del combate: “Alá es grande”.

A los problemas de la inmensa deuda gubernamental, de los déficit en el presupuesto y en las cuentas externas, la caída sostenida en el empleo (uno de cada 10 trabajadores se encuentra en situación de desempleo) y la desmovilización de los votantes jóvenes y de diversos orígenes étnicos, ahora hay que sumar la necesidad de una pronta afirmación militar en Afganistán; mientras la confianza al interior de las Fuerzas Armadas (ahora mejor vistas que nunca, desde la guerra de Vietnam) recibe una sacudida impresionante. Washington deberá reflexionar a fondo, los demócratas y republicanos deberán ajustar su visión del mundo: el mundo WASP se terminó con la salida apresurada de Saigón. Los dos presidentes Bush agotaron el capital de confiabilidad del mundo hacia EU. William Clinton fue un paréntesis entre dos presidencias ciegas y sin rumbo. Ahora el momento de reconstruir está presente a la vista de todos. Y lo primero a superar es a los violentos que exclaman: “Alá es grande”.

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