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Momento crucial para los derechos humanos
Lucila Servitje Montull
El Universal
3 de noviembre de 2009

Los derechos humanos son un mecanismo de regulación entre los gobiernos y las personas, y son centrales en los Estados democráticos. Su reconocimiento ha sido fruto de intensos movimientos sociales que surgen en circunstancias en que los gobernantes violentan la dignidad de las personas. Fray Bartolomé de las Casas, Gandhi, Eleonore Roosevelt, Martin Luther King o Shirin Ebadi son valiosos ejemplos que representan estas luchas.

En México un momento detonante se dio en los años 60 y 70. Reivindicar derechos humanos era entonces causa de hostigamiento, represión y muerte. En esa etapa las mujeres familiares de los desaparecidos, las víctimas de la represión, y comunicadores como José Álvarez Icaza fueron actores centrales. Después destacaron líderes religiosos, como los dominicos Gonzalo Balderas y Miguel Concha, los jesuitas Jesús Maldonado, José Llaguno y Francisco Goytia, y muchas otras personas en todo el país, herederas de un profundo compromiso.

En los últimos años los sectores que viven más discriminación, desigualdad y exclusión han incorporado los derechos humanos a sus agendas: las mujeres, los indígenas, las personas con discapacidad, la infancia, los migrantes, o los adultos mayores. Las organizaciones civiles viven una transición del servicio asistencial al trabajo con enfoque de derechos, que implica profundizar en las causas, exigir las responsabilidades del Estado, y generar una relación diferente entre sociedad y gobiernos.

Se han creado cientos de instrumentos jurídicos locales, nacionales e internacionales que se convierten en imperativos para los gobiernos, así como organismos públicos para defender a las víctimas y promover una nueva cultura social y política. En la agenda internacional las violaciones a derechos humanos repercuten globalmente, como son los feminicidios de Ciudad Juárez. Sin embargo, estamos lejos de que las instituciones y los servidores públicos asuman las obligaciones que tienen con la ciudadanía.

Todo ello hace muy importante el proceso de sucesión de la CNDH, en el que Emilio Álvarez Icaza fue propuesto y apoyado por más de mil organizaciones civiles, universidades, académicos, activistas, luchadores por la democracia, iglesias, comunicadores y movimientos sociales. Participa como parte de un amplio y plural movimiento de derechos humanos y como heredero de una generación de personas inspiradas en la busqueda por la dignidad humana.

Álvarez Icaza formó parte de organizaciones y redes civiles nacionales e internacionales que empujaron las agendas de los indígenas, los electores y los periodistas, y se ha sumado a la de las personas con discapacidad, las trabajadoras del hogar, las víctimas de trata, los migrantes, los adultos mayores, las víctimas del delito, el medio ambiente, la seguridad y muchas otras. Su experiencia al encabezar la CDHDF dinamizó el diálogo entre ONG´s, académicos y autoridades, y coordinó la elaboración del Diagnóstico y el Programa de Derechos Humanos del DF.

Muchos católicos coincidimos con Álvarez Icaza en que, sin estar a favor del aborto, apoyamos su despenalización porque sencillamente estamos en contra de la criminalización de aquellas mujeres que, en la mayoría de los casos, han sido víctimas de abuso por una tradición que las considera objeto y nunca sujeto de opciones, de libertad y de conciencia. Sé que él, y varios miembros de su equipo, se han implicado personalmente para salvar y acoger vidas inocentes e indefensas. Para ellos, el aborto nunca será la mejor opción, mientras que la comprensión y la compasión sí.

El trabajo de Álvarez Icaza ha despertado la esperanza en que los organismos públicos sí pueden basarse en principios de igualdad, equidad, justicia y ética pública. Si el Senado de la República decide pensando en el bien del Estado, en la credibilidad que necesita el Ombusdman, y en el difícil contexto que vivimos, Alvarez Icaza representa la mejor opción, representa esperanza.

Académica de la Universidad Iberoamericana

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