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Beltrones en twitter
Onésimo Flores
El Universal
7 de noviembre de 2009

No conozco al senador Manlio Fabio Beltrones. Su fama, sin embargo, es gigante. Se le reconoce como el cerrador de tratos, como el factótum político, como el copresidente. Cuando se discute la ingenuidad de la nomenclatura panista, el contraste frecuentemente es con Beltrones. Tanto quienes lo apoyan como quienes le temen, quienes ven en él un proyecto político y los convencidos de que representa un pasado que no debe regresar, destacan su habilidad y colmillo.

En los últimos días ocupó un lugar preponderante en los periódicos. Entregó la medalla Belisario Domínguez. Echó abajo el acuerdo sobre el paquete fiscal que había construido el gobierno federal con la Cámara Baja. Escogió nuevo presidente de la CNDH. Y abrió su cuenta en twitter, la red social de mayor crecimiento en internet.

El 4 de noviembre, a las 12:57 am, inauguró su participación con este mensaje: “Aquí estoy en el famoso twitter. Listo para escuchar desde sus propuestas hasta sus ‘recordatorios’. ¿Alguna propuesta?”. A las 3:49 pm, explicaba: “Twitteros, un senador nutre su visión vía medios, giras, asesores, staff, líderes de opinión, pero aquí lo puedo hacer también del sentir común”.

Los detalles que compartió sobre su agenda, y las llamadas hechas por varios periodistas a su oficina, confirmaron que no se trataba de un impostor. Beltrones parecía un político dispuesto a experimentar con este nuevo canal de comunicación con la ciudadanía.

No era el primero, por supuesto. Marcelo Ebrard, López Obrador, Felipe Calderón y los gobernadores de Querétaro y Nuevo León son algunos de los políticos que han incursionado en twitter. La decisión parece indispensable, particularmente ante la inusual capacidad de movilización demostrada por los cibernautas en torno al impuesto de 3% a las telecomunicaciones.

Espontáneamente, un grupo que no se considera representado por la clase política tradicional manifestó su rechazo al impuesto. Aglutinados en lo que se llamó “Internet necesario”, los activistas twitteros dieron argumentos, construyeron redes de apoyo, abordaron a los medios y construyeron espacios de interlocución con algunos legisladores. La causa alcanzó notoriedad e internet fue exentado del gravamen. Aunque este hecho puede considerarse marginal, es destacable en un país acostumbrado a decisiones entre élites y a la movilización clientelar.

Contrario a muchas de las personalidades públicas presentes en twitter, el senador parecía dispuesto a interactuar con los cibernautas. Por ejemplo, el jueves escribió: “Me queda claro el perfil que buscan para la CNDH, pero ¿qué opinan y proponen que esta persona debería reformar en la CNDH?”. La pregunta desató una avalancha de respuestas. No todos los días se puede platicar con un senador, y menos en la víspera de la selección del ombudsman. Seguramente sus mil 800 seguidores pensamos lo mismo. ¿En serio Beltrones está interesado en mi opinión?

Lamentablemente, la ilusión se disipó pronto. El contacto directo y en tiempo real con la ciudadanía parece haberlo asustado, y lo que había sido una entrada triunfal el miércoles se convirtió en una penosa salida el jueves. Antes de suspender su cuenta, escribió que los comentarios recibidos fueron “tan numerosos e importantes que me han desbordado en este momento”. ¿Qué esperaba? ¿Comentarios escasos y banales?

Las nuevas generaciones de mexicanos pedimos un diálogo de dos vías con nuestros líderes. No esperamos que nos den la razón, pero sí que nos escuchen y respondan.

El episodio de Beltrones en twitter molesta porque confirma el estereotipo. El político que tiene la voluntad de interactuar con sus representados desea hacerlo sólo bajo sus términos. Si va a dialogar, quiere controlar el micrófono. En cuanto el ciudadano cambia un poco las reglas, la incomodidad lo desborda.

Hace unos días, durante la entrega de la Belisario Domínguez, uno de estos políticos dio un discurso formidable. Con gran elocuencia, dijo: “La ampliación del pluralismo político y social exige la transformación de la política en un espacio de diálogo público. Hay que integrar las diferencias, no erradicarlas. Si el consenso no existe, hay que crearlo y trabajarlo. No se trata de la unanimidad sino de la formación de mayorías”. ¿A qué tipo de diálogo público se refería? Si el senador Beltrones regresa algún día a twitter, voy a preguntarle.

www.twitter.com/oneflores onesimo@mit.edu

Analista

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